La Pérdida de Identidad
Un día recibí una llamada. Era alguien preguntando por un tal Antonio. Por la voz me pareció una señora bastante mayor. Le dije que allí no había nadie con ese nombre. Sin embargo, ella insistió; “¿Seguro que no eres Antonio?”. Lo preguntó con tanta seguridad que, por un instante, consiguió hacerme dudar. “No, señora” Le dije, “Se ha equivocado. Lo siento”. Y colgué. Aquello fue el principio. Pocos días después me pararon por la calle. Era una pareja que no había visto en mi vida. Uno de ellos me puso la mano en el hombro y me preguntó que si ya había solucionado el tema de la plaza del aparcamiento. Lo dijo muy cerca de mí, mirándome a los ojos. La otra sonreía esperando una respuesta. Yo no conseguí hacer nada más que quedarme callado. “Me han dicho que hay una libre”, aclaró él. De repente recobré el sentido y le expliqué que probablemente me estaba confundiendo con otra persona. “¿No eres José Luis? ¿Estás seguro?”. Y de nuevo dudé. Sacudí la cabeza en señal negativa. “Debo d...