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Caballero Solitario

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  De pronto, empecé a sentir la necesidad de salir de la cueva. Llevaba demasiado tiempo ahí metido, esperando algo que incluso yo desconocía… Necesitaba respirar aire fresco y limpio. Así que sacudí el polvo de mi armadura, subí a lomos de mi mantícora, y me dispuse a iniciar el vuelo. Me alejé de ahí. La cueva quedaba cada vez más lejana. De repente sentí algo de añoranza. A fin de cuentas, ese lugar me había protegido. ¿De qué…? Tampoco lo sabía. Puede que de mí mismo. Sin embargo, sabía que, en algún momento, yo volvería a la oscuridad y la humedad de mi cueva… Tarde o temprano, todos acabamos volviendo. Después de tanto trasiego, quería que todo se asentara. Como un vaso de agua con la arena recién removida. Necesitaba dejarlo reposar para poder… (no lo sé)… ¿Ver las cosas más definidas? ¿Conseguir cierto orden? y, entonces, ¿trazar alguna especie de plan? En esta ocasión decidí no hacerlo. Esta vez me dejaría llevar. Me acerqué al río, y busqué mi reflejo en la orilla. Quería...

SOMBRAS

Imatge
  Bajé la mirada y la vi ahí, pegada a mis pies, tan perseverante e impertinente como siempre. Como una caricatura exagerada de mí mismo. Larga y oscura como las noches de insomnio. Al principio corrí para escapar de ella. Me perseguía a grandes zancadas. La odié por ello. Quería alejarme, que me dejara en paz. Pero no logré que se despegara de mis pies. Desesperado, le lancé la botella que estalló en mil cristales contra su silueta. Pero ella seguía allí, inmutable. Me detuve bajo una farola que alumbraba de forma tímida aquella extraña noche sin estrellas. En aquel callejón oscuro y sórdido, ahora la sombra parecía más grande que nunca. El viento sopló y una lata tintineó en algún lugar. Por un instante, me pareció oír reír a alguien. Aquello me hizo estremecer. Sin darme cuenta, me encontré de rodillas. Con los ojos llenos de lágrimas que cayeron al suelo. Con las palmas de las manos, luego con los puños, intenté limpiar la sombra. Frenético, deseaba hacerla desaparecer, borrarl...

Paseando por El Camino

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  Me despierto más o menos como lo hago siempre. Con una gigantesca bola de nieve que estalla en mi pecho, helándome hasta el tuétano. Buenos días. Pasados unos segundos eternos, consigo llenar de aire mis pulmones. Me incorporo y tomo conciencia de donde estoy. Es mi camino y acabo de nacer. Una vez más. Es el sendero de siempre. No lo elegí yo, me fue dado un día. Un día que no recuerdo. Pero es mi camino. Y ahora me toca recorrerlo, quiera o no. De hecho, llevo tiempo haciéndolo. Pero tampoco recuerdo desde cuando. El camino serpentea rodeado por viejos árboles caídos y por ramas grotescas que aguantarían el peso de mi cuerpo inerte… Lo pienso… pero aparto ese pensamiento de mi cabeza. Así que bajo la mirada; El suelo está mojado y el aire huele a eucaliptus. Por las noches, siento como si el camino fueran los intestinos de un gigante, retorciéndose de forma viscosa, cambiando, mutando… Muchas veces ignoro que todo esto lleve a algún sitio, y entonces me detengo para sentarme en...

LA ROSA

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            Después de pasar por un sueño extraño y febril salí al jardín a tomar el aire. Todo permanecía más o menos como siempre. Pero en el centro, entre dos árboles, había crecido una pequeña rosa. Me acerqué a ella y me invadió un aroma fresco y familiar. De pronto me sentí embriagado por ese perfume dulce y sensual.  ¿Cómo podía haber crecido esa pequeña flor ahí? No lo sabía.       Al instante me ví a mí mismo con la necesidad de protegerla. Me sentí con la responsabilidad de cuidarla y ayudarla a crecer. Era algo inexplicable, pero existía algo en esa flor que me fascinaba por encima de todas las cosas. Así que arranqué las malas hierbas que crecían salvajes a su alrededor y la regué un poco. No hice nada más, salvo contemplarla entre conmovido y extrañado por la belleza y la frescura que emanaban de sus hojas.     A la mañana siguiente la rosa había crecido. Aún era más hermosa que el día anterior. Esta vez ...

UN LARGO CAMINO POR RECORRER

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     Al despedir el año, no hice promesas ni formulé grandes anhelos para que estos se cumplieran.  No.       Simplemente deseé llegar a conocerme un poco más a mí mismo. Y respetarme, del tal forma que nunca más volviera a dejarme de lado. Ni por mí, ni por nadie.      Aparté un poco las cortinas del escenario y ví a toda aquella gente, con sus copas de cava en la mano, saltando y bailando. Y me alegré por ellos. Sin embargo, no me ví contagiado por todo aquel jolgorio. En cierta manera envidiaba meterme entre aquel bullício, y saltar y gritar y bailar como lo estaban haciendo... Pero fui incapaz se contagiarme por toda esa algarabía. Tan solo pude sonreír de manera sobria y, por una vez, en mucho tiempo, respirar profundamente.      Había sido un año extraño y duro, plagado de altibajos. Pero me dí cuenta que, de alguna manera, había conseguido afrontar (con más o menos éxito) los embates que había recibido. No me ...