Caballero Solitario

De pronto, empecé a sentir la necesidad de salir de la cueva. Llevaba demasiado tiempo ahí metido, esperando algo que incluso yo desconocía… Necesitaba respirar aire fresco y limpio. Así que sacudí el polvo de mi armadura, subí a lomos de mi mantícora, y me dispuse a iniciar el vuelo. Me alejé de ahí. La cueva quedaba cada vez más lejana. De repente sentí algo de añoranza. A fin de cuentas, ese lugar me había protegido. ¿De qué…? Tampoco lo sabía. Puede que de mí mismo. Sin embargo, sabía que, en algún momento, yo volvería a la oscuridad y la humedad de mi cueva… Tarde o temprano, todos acabamos volviendo. Después de tanto trasiego, quería que todo se asentara. Como un vaso de agua con la arena recién removida. Necesitaba dejarlo reposar para poder… (no lo sé)… ¿Ver las cosas más definidas? ¿Conseguir cierto orden? y, entonces, ¿trazar alguna especie de plan? En esta ocasión decidí no hacerlo. Esta vez me dejaría llevar. Me acerqué al río, y busqué mi reflejo en la orilla. Quería...