Recomponiendo la dignidad

P or mucho que lo discuto conmigo mismo, sigo convencido de que te quería de verdad. Por mucho que lo intente, no consigo convencerme de lo contrario. De hecho, aún no te he olvidado. Por más que lo intente, no lo he logrado. Ojalá pudiera sacar tu imagen de mi destartalada cabeza. Dejar de pensar en ti a todas horas, o recordarte solo de vez en cuando sin echarme a temblar. Sin sentir ese frío vacío en el pecho cuando te imagino con alguien que no sea yo… Y delante de mí aparecen nuevas personas. Son figuras de papel que se me acercan. Y me observan. Pero yo no soy capaz de aguantar una mirada a los ojos, porque tengo el alma hecha jirones, porque aún intento recoger del suelo los pedazos de mi dignidad. Me mantuve callado demasiado tiempo, me hice el tonto para no perderte, acepté tu indiferencia para no quedarme más solo aún. Siento que mi cabeza, desde entonces, ya no es lo que era. Algo se ha roto porque ahora no consigo pensar con claridad. Y hago estupideces. Cometo errores...