LE PRENDÍ FUEGO A LA LLUVIA
Un lunes de finales de agosto todo se acabó.
Sucedió así, de repente, sin previo aviso. Me invitaste a tu casa. Me propusiste llegar antes de la hora pactada para así "podernos disfrutar más tiempo". Incluso ese mismo día querías ir a cenar a una pizzería que, ahora agradezco, justamente estuviese cerrada. En cualquier caso, estaba claro que tú tampoco tenías nada claro.
Todo fue muy extraño. Hacía unos días que te había pedido que me dedicaras algo más de tiempo. Llevábamos casi dos años juntos. Pero nos veíamos poco. Durante este mes habías salido cada fin de semana con tus amigos. Y yo había quedado relegado a pasar tan solo alguna noche esporádica contigo.
Teníamos que hablar. Así que me senté en la mesa del comedor. No pretendía para nada que dejaras de lado tu vida social. Solo quería saber qué planes tenías en tu cabeza, si te pensabas dedicarme algo más de tiempo. Y si algún día nos imaginabas a ambos compartiendo nuestras vidas juntos. Eso era todo.
"No sé si estoy lo suficientemente enamorada para seguir adelante" dijiste. "Las mochilas que llevamos (los niños) son algo que me pesa". Y ahí terminó todo.
Sólo recuerdo tu rostro impávido, frío. Y tu bonita nariz más roja de lo habitual. Permaneciste quieta en aquella silla mientras yo murmuraba cosas inconexas.
Era como un animal asustado, y me puse a recorrer tu casa como buscando un refugio lejos de ti. Me tambaleaba, chocaba… Aquello no podía estar pasando. Se suponía que estabas enamorada de mí. Estaba convencido de ello. Y yo no podía concebir lo contrario. Pero estaba sucediendo, me estabas dejando.
¿Dónde quedaban los “te quiero”? ¿Dónde estaban los “te echo de menos”? ¿Y los “me encantas”? No lo sé. De repente me encontraba ante una persona totalmente diferente a la que conocía.
Recogí mis cosas y me marché para siempre de ahí, desorientado y sin entender nada. Sin atreverme a mirar atrás, quizá por miedo a derrumbarme. Llegué a pensar que correrías tras de mí. Incluso esperé unos instantes delante de tu puerta. Pero eso nunca sucede en esos casos. Y este tampoco fue una excepción.
Todo había terminado.
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