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QUAE SOLVIT OMNIA

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  “SI ES PULSADO, TODO QUEDA SOLUCIONADO” Los viejos sabios cuentan la existencia de un pequeño y mágico botón rojo que todo lo arregla. Así, sin más… En las Cuevas de Altamira se han encontrado pinturas rupestres donde se revelan siluetas humanas que presionaban dicho botón al sentirse en peligro. Image generated by DALL-E, an AI model by OpenAI. Recientes excavaciones realizadas en América del Sur han descubierto restos de lo que parecen pequeñas esculturas. En estas aparecen representaciones de colonos, agricultores, ganaderos, e incluso jefes de tribu presionando el enigmático botón. Y en todas ellas encontramos (en lengua quitxua) las mismas palabras “ Tight kaptinqa allichasqañam ” o lo que es lo mismo: “Si es apretado, todo queda solucionado”. En ciertas escrituras sagradas que se conservan en algunos monasterios belgas de la era medieval, descubrimos pasajes que hacen referencia al misterioso botón en cuestión. Lo nombran “ qui invenit solutionem ” es decir; “ el que t...

O NO, NO ESTOY SEGURO...

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  Ven conmigo. ¡Sígueme! O no, no estoy seguro… Haz lo que consideres pero… ¿Sabes qué…? Conozco sitios. Lugares especiales, remotos, inhóspitos. Difíciles de acceder. Están en el dorso de una portada, debajo de una hoja seca, en lo más profundo de nuestras sábanas. Escondidos en los rincones de nuestra memoria. Y cuesta acceder a ellos. No es fácil. Pero tampoco es imposible. ¡Acompáñame! O no, no estoy seguro… Para conocer esos sitios, es necesario que vengas sola. Si decides recorrerlos, ten en cuenta que puedes perderte. Y si eres afortunada, y encuentras el camino, puede que descubras algo nuevo. O puede que no, quién sabe… No lo sé… Hay veces en las que no es así. Y veces en las que sí. O no. No estoy seguro… Aunque me cueste creerlo, todo esto no depende ni de mí, ni de ti. O sí. No estoy seguro… Una cosa es cierta; son parajes que minan nuestra conciencia. Que remueven nuestras almas. Lugares donde nadie está a salvo. Tocan en lo más profundo y donde más escuece. Son sitios...

Vueltas sin sentido

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  Soy un bicho, girando a gran velocidad, encima de un disco. Todo da vueltas y más vueltas, pero no dejo de estar siempre en el mismo sitio. No hay progreso, no voy a ningún lado. No sucede nada. Solo doy giros, giros y más giros, y nada tiene sentido… Oigo brotar del gramófono una triste melodía. Una voz enlatada que resulta raspada y fúnebre. A lo lejos contemplo la aguja. Es la amenaza de muerte inminente. Si no estoy atento podría ser triturado por ella. Aunque ahora ya me da igual. Dejo que decida el destino por mí. Total… ¿Qué más da lo que intente? Solo soy un simple bicho. Y el destino, independientemente de mis elecciones, es siempre quien dicta sentencia. Eso sí; Que no se detenga la música. Es la única que acompaña estos tristes y monótonos días. La única que evita que todo quede sumido en un terrible silencio. Porque odio el silencio. Por encima de todas las cosas. Lo detesto porque es entonces cuando el estridente ruido de mis pensamientos todo lo inflama. Una noche s...

Caballero Solitario

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  De pronto, empecé a sentir la necesidad de salir de la cueva. Llevaba demasiado tiempo ahí metido, esperando algo que incluso yo desconocía… Necesitaba respirar aire fresco y limpio. Así que sacudí el polvo de mi armadura, subí a lomos de mi mantícora, y me dispuse a iniciar el vuelo. Me alejé de ahí. La cueva quedaba cada vez más lejana. De repente sentí algo de añoranza. A fin de cuentas, ese lugar me había protegido. ¿De qué…? Tampoco lo sabía. Puede que de mí mismo. Sin embargo, sabía que, en algún momento, yo volvería a la oscuridad y la humedad de mi cueva… Tarde o temprano, todos acabamos volviendo. Después de tanto trasiego, quería que todo se asentara. Como un vaso de agua con la arena recién removida. Necesitaba dejarlo reposar para poder… (no lo sé)… ¿Ver las cosas más definidas? ¿Conseguir cierto orden? y, entonces, ¿trazar alguna especie de plan? En esta ocasión decidí no hacerlo. Esta vez me dejaría llevar. Me acerqué al río, y busqué mi reflejo en la orilla. Quería...

SOMBRAS

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  Bajé la mirada y la vi ahí, pegada a mis pies, tan perseverante e impertinente como siempre. Como una caricatura exagerada de mí mismo. Larga y oscura como las noches de insomnio. Al principio corrí para escapar de ella. Me perseguía a grandes zancadas. La odié por ello. Quería alejarme, que me dejara en paz. Pero no logré que se despegara de mis pies. Desesperado, le lancé la botella que estalló en mil cristales contra su silueta. Pero ella seguía allí, inmutable. Me detuve bajo una farola que alumbraba de forma tímida aquella extraña noche sin estrellas. En aquel callejón oscuro y sórdido, ahora la sombra parecía más grande que nunca. El viento sopló y una lata tintineó en algún lugar. Por un instante, me pareció oír reír a alguien. Aquello me hizo estremecer. Sin darme cuenta, me encontré de rodillas. Con los ojos llenos de lágrimas que cayeron al suelo. Con las palmas de las manos, luego con los puños, intenté limpiar la sombra. Frenético, deseaba hacerla desaparecer, borrarl...

La memoria del señor Franz Munin

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  El señor Munin no pasaba por un buen momento. Su esposa le había abandonado hacía casi nueve meses. Fue así, de repente. Un día hizo las maletas, y salió por la puerta de casa. Nunca más volvió a saber de ella. Y a pesar de que él era un renombrado neurólogo, un científico cognitivo de prestigio, y lo que se dice una persona con la cabeza bien amueblada, el golpe lo derrumbó. De la manera más inesperada se encontró en una situación insoportable que no sabía cómo gestionar. Y aquello le consumió hasta lo más hondo de su alma. Dejó de comer. Bebía demasiado. No dormía por las noches y se despertaba de madrugada, con la imagen de Ella más vívida que nunca. Veía sus ojos de color de miel, su pelo largo y castaño, sus hermosas pecas… Sudaba y temblaba al sentir la cama enorme y vacía sin ella. Y ya no volvía a conciliar el sueño. Aquello le estaba matando. El principal problema eran los recuerdos. Esa fue su conclusión después de un día realmente malo. Todo, absolutamente todo, le evo...

Paseando por El Camino

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  Me despierto más o menos como lo hago siempre. Con una gigantesca bola de nieve que estalla en mi pecho, helándome hasta el tuétano. Buenos días. Pasados unos segundos eternos, consigo llenar de aire mis pulmones. Me incorporo y tomo conciencia de donde estoy. Es mi camino y acabo de nacer. Una vez más. Es el sendero de siempre. No lo elegí yo, me fue dado un día. Un día que no recuerdo. Pero es mi camino. Y ahora me toca recorrerlo, quiera o no. De hecho, llevo tiempo haciéndolo. Pero tampoco recuerdo desde cuando. El camino serpentea rodeado por viejos árboles caídos y por ramas grotescas que aguantarían el peso de mi cuerpo inerte… Lo pienso… pero aparto ese pensamiento de mi cabeza. Así que bajo la mirada; El suelo está mojado y el aire huele a eucaliptus. Por las noches, siento como si el camino fueran los intestinos de un gigante, retorciéndose de forma viscosa, cambiando, mutando… Muchas veces ignoro que todo esto lleve a algún sitio, y entonces me detengo para sentarme en...