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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: gener, 2024

¿Dónde está el interruptor?

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     Aprendemos más del dolor que de la felicidad. Eso es algo que nadie nos puede quitar. Sin embargo, es difícil darse cuenta de algo así. Cuando se sufre tanto, es como si alguien apagara las luces y nos dejara totalmente a oscuras. Entonces buscamos a tientas el interruptor, pero inevitablemente rompemos unos cuantos jarrones y algunos muebles en el proceso. Durante ese momento en que estamos ciegos, a menudo tenemos miedo. No sabemos dónde ni cuándo estamos. Pero, sobre todo, nos encontramos solos.     Quizás esa sea la primera y más dura batalla que hay que librar; aprender a estar solo. No es fácil. Al menos no lo ha sido para mí. Habrá quien lo tenga más fácil. Pero en mi caso sentía que la oscuridad de la que hablo se metía dentro de mí, me helaba hasta el tuétano. Incapacitándome. Ahogándome. Me pasaba horas dando vueltas por mi habitación, de un lado al otro, como si fuese un animal enjaulado. Luego me detenía delante de la ventana y me quedaba inmóvi...

El Mono

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  M uchos decían de mí que era  " muy mono" . Pero en honor a la verdad, debo admitir que lo de hacer el símio nunca fue mi fuerte. Nací con un grave problema congénito que consistía en la obsesión por formularme a mí mismo preguntas de gran carga existencial. Pasaba días enteros preguntándome  Quien soy yo ,  De donde vengo ,  A donde voy … Pero de haber podido elegir, os aseguro que hubiera escogido ser un macaco normal y corriente. Pero no fue así, y esa lacra propició que mi cerebro simiesco se desarrollara de una forma extraordinaria y llenara de infelicidad mi existencia. Cada día, sentado sobre la rama del Gran Árbol, contemplaba entre triste y aburrido las monerías de mis otros tres compañeros de jaula. Huelga decir que estos, evidentemente, no se veían afectados por mi misma dolencia. Eran monos sin más. Y los visitantes, más por convención que por otra cosa, aplaudían de manera mecánica sus cabriolas, saltos y volteretas. De vez en cuando, los niños no...

VOLVER A MIRARSE A LOS OJOS

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Deseo no tener que perder nunca más a personas que he querido tanto. Me duele no volver a ver a personas que han significado tanto en mi vida, que me han regalado momentos especiales, que me han hecho crecer y sentir cosas tan grandes. Personas a las que he querido incondicionalmente, sin esperar nada a cambio, salvo verles sonreír o mirarme de una manera especial; Me gustaría de alguna manera no perderlos para siempre.  Pero no sé si eso es posible... . Muchas de estas personas a las que me refiero me han hecho daño. Tanto que tiemblo de pies a cabeza sólo de pensar en ellas. Pero, ¿por qué los finales siempre tienen que ser tan amargos? ¿Dónde está todo lo que construimos juntos? Las largas conversaciones que intentaban arreglar el mundo. Las miradas de complicidad. ¿Los besos bajo las sábanas? ¿Dónde está todo eso? Lo sé. Conozco la teoría: Es mejor poner tiempo y tierra de por medio. No más contacto. No escribir, no enviar canciones, no fotos...... Es mejor olvidar definitivame...

POR SI ALGÚN DÍA VOLVEMOS A HABLAR...

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  …me gustaría tener un discurso coherente y racional. Me gustaría poder mirarte a los ojos y no tener que temblar de los pies a la cabeza por el hecho de perderme en ellos. Me gustaría no sentirme gelatina cuando te ve aunque sea de lejos... Pero me temo que aún es pronto para ello. Yo, al menos, todavía no soy capaz de echármelo todo a la espalda, como si nada hubiera pasado. No puedo sonreír tristemente. No podría pagar el café y darte un abrazo diciendo; "Vale, seamos amigos. Aquí no ha pasado nada." Lo siento pero no. Simplemente no soy capaz... Con lo que ha pasado he sufrido como nunca lo había hecho antes. Nunca pensé que fuera capaz de sentir tanto dolor en una ruptura. Puedo entender que los sentimientos cambien. Que las parejas rompan con sus relaciones y que, a pesar de haber compartido lo más profundo y querido de sus vidas, de repente se conviertan en desconocidos el uno para el otro. Puedo llegar a entenderlo... Pero no consigo aceptar las falta de sincerid...

LA ROSA

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            Después de pasar por un sueño extraño y febril salí al jardín a tomar el aire. Todo permanecía más o menos como siempre. Pero en el centro, entre dos árboles, había crecido una pequeña rosa. Me acerqué a ella y me invadió un aroma fresco y familiar. De pronto me sentí embriagado por ese perfume dulce y sensual.  ¿Cómo podía haber crecido esa pequeña flor ahí? No lo sabía.       Al instante me ví a mí mismo con la necesidad de protegerla. Me sentí con la responsabilidad de cuidarla y ayudarla a crecer. Era algo inexplicable, pero existía algo en esa flor que me fascinaba por encima de todas las cosas. Así que arranqué las malas hierbas que crecían salvajes a su alrededor y la regué un poco. No hice nada más, salvo contemplarla entre conmovido y extrañado por la belleza y la frescura que emanaban de sus hojas.     A la mañana siguiente la rosa había crecido. Aún era más hermosa que el día anterior. Esta vez ...

UN LARGO CAMINO POR RECORRER

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     Al despedir el año, no hice promesas ni formulé grandes anhelos para que estos se cumplieran.  No.       Simplemente deseé llegar a conocerme un poco más a mí mismo. Y respetarme, del tal forma que nunca más volviera a dejarme de lado. Ni por mí, ni por nadie.      Aparté un poco las cortinas del escenario y ví a toda aquella gente, con sus copas de cava en la mano, saltando y bailando. Y me alegré por ellos. Sin embargo, no me ví contagiado por todo aquel jolgorio. En cierta manera envidiaba meterme entre aquel bullício, y saltar y gritar y bailar como lo estaban haciendo... Pero fui incapaz se contagiarme por toda esa algarabía. Tan solo pude sonreír de manera sobria y, por una vez, en mucho tiempo, respirar profundamente.      Había sido un año extraño y duro, plagado de altibajos. Pero me dí cuenta que, de alguna manera, había conseguido afrontar (con más o menos éxito) los embates que había recibido. No me ...

EL TREN

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       He descubierto que la vida es como ir en un tren mirando hacia atrás. No vemos lo que hay delante, pero podemos contemplar el camino que vamos dejando. Y ese mismo camino, los lugares donde hemos estado, también va desapareciendo lentamente. Lo cual nos lleva al punto de pensar en que solo existe lo que hay en el vagón en el que estamos sentados, en ese mismo instante.     No deja de fascinarme la forma en cómo nos aferramos a los recuerdos. Y no solo a los buenos. Cuando sentimos dolor, también los malos los rememoramos con añoranza y pesar. Como si nunca más pudiésemos volver a vivir algo semejante. Como si todo hubiera finalizado para nosotros.      En conclusión, no tenemos en cuenta el camino que tenemos aún por delante, pendiente de recorrer. Pero, sobretodo, no somos conscientes de lo que está sucediendo en ese mismo momento; en la comodidad (o incomodidad) de la butaca en la que estamos sentados, en el revisor que comprueba nue...

LA MUÑECA

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  Tomé conciencia de mí misma justo en el momento en que Mara rompió el envoltorio y destapó la caja. Lo primero que ví fue la sonrisa con brackets más radiante y bonita que uno pueda imaginar. Después, abrió aquella preciosa boca y vaticinó; -“Gimena”! Debo admitir que aquel nombre (con el que me acababan de bautizar) no era muy santo de mi devoción. Días más tarde comprobaría que, según mi fabricante, mi verdadero nombre era “Anna”, o algo así. Pero, en el fondo, ¿Qué más daba? No era cuestión de ponerse exquisita de buenas a primeras con detalles sin importancia. A fin de cuentas, ¿Qué significa el nombre de alguien? Aquello no era más que un apelativo. Una convención sin importancia. Definitivamente “Gimena” estaba bien. Muy pronto Mara puso de manifiesto sus habilidades como estilista. Como tampoco parecía estar muy satisfecha con el color rojo de mi pelo, decidió cambiarlo por otro más “alegre” que, según ella, era el azul. Y así lo hizo. Me tiñó de arriba a abajo. Además, pu...