NO HAY DOS LUNAS.

Un día, cuando me subí al tobogán de la vida, sentí la necesidad de decirte algo. - Me vuelven locos tus ojos de serpiente- - Las serpientes son malas-contestaste tú. - También las hay buenas. En tus ojos veo reflejadas dos lunas. Y ahora quisiera subir, subir, y subir... si puedo, claro - expliqué. Luego, no se muy bien porqué, añadí: "Perdón, perdón, perdón". - No pidas tantos perdones - me ordenaste fríamente- Y tú sube cuanto quieras. Aquí estoy. Pero déjate de romanticismos. - Por supuesto. Perdón. Empezamos a ascender, juntos. Quiero pensar que fue juntos. Aunque también puede que me equivoque, quién sabe. Pero a mí me sigue gustando pensar que subimos juntos. Subimos y subimos muy alto. Tanto que, al mirar abajo, sentí miedo de caer. - ¡Oye! - dije temblando - Aquí se está un poquito alto. - No te preocupes, estoy a tu lado. -¿Seguro? -Seguro. Antes serás tú quien me deje caer. - Yo nunca haría eso. - Decir "nunca" significa mucho tiempo. - Siempre dices lo...